La ignorancia es la felicidad. Por supuesto. Si ignoras todo lo que te puede hacer daño, serás feliz. Pero la ignorancia no es sólo no saber. Es no querer saber.

Pero aunque no sepas, intuyes. Y duele.

Entoces coges el dolor, le haces una bola comprimida, y te lo tragas. Poco a poco se va pudriendo. Poco a poco, la bolita se convierte en un monstruo maloliente al que ignoras.

No sabes si será cierto, o no, pero no puedes hacer nada. Ni tienes derecho a hacerlo. Ni quieres, joder, prefieres su felicidad a la tuya.

Y me convierto en un zombie, andando, con ojeras, sin saber a dónde voy ni para qué. Miro al rostro del monstruo... y el monstruo soy yo mismo.