Hace 50 años, Yuri Gagarin se convertía en el primer hombre en el espacio. Medio siglo después seguimos mirando a las estrellas y nos seguimos fascinando.
Perdidos en la vasta inmensidad de un universo del que apenas conocemos nada. Solos, como si fuesemos hormigas en un mundo deshabitado. Actuamos como si lo que hiciesemos importase. Pero lo cierto es que en el úniverso no somos nada más que unas motas de polvo perdidas en el negro salpicado de estrellas.
Lo cierto, es que deberíamos aprender a hacer lo mismo que hizo Yuri. Ser los primeros en el universo, en nuestro universo interior.
La ignorancia es la felicidad. Por supuesto. Si ignoras todo lo que te puede hacer daño, serás feliz. Pero la ignorancia no es sólo no saber. Es no querer saber.
Pero aunque no sepas, intuyes. Y duele.
Entoces coges el dolor, le haces una bola comprimida, y te lo tragas. Poco a poco se va pudriendo. Poco a poco, la bolita se convierte en un monstruo maloliente al que ignoras.
No sabes si será cierto, o no, pero no puedes hacer nada. Ni tienes derecho a hacerlo. Ni quieres, joder, prefieres su felicidad a la tuya.
Y me convierto en un zombie, andando, con ojeras, sin saber a dónde voy ni para qué. Miro al rostro del monstruo... y el monstruo soy yo mismo.
El puto sol entra por la ventana. Hace tiempo que despertó un nuevo domingo, pero mi cerebro quiso resistir hasta que ese puto rayo se ha cruzado por delante de mis ojos.
Tengo que hacer algo con esa persiana... así, las putas resacas son peores. Porque así, despertandome antes de mediodia, pasan demasiadas horas hasta la noche. Demasiadas horas en las que pensar, en las que mirar por la ventana, en las que sentir ese repugnante olor a borracho que a las cuatro de la mañana jamás he notado.
¿Qué me pasa? Hace años llegué a no sentir nada más que indiferencia. Nada más. Andar por la vida como un Zombi pensando quién coño eres, que coño buscas, y por qué coño te sientes tan solo. Deseando que llegue el sábado de turno para emborracharte, pasarlo "bien" y volverte a casa, solo, otro fin de semana más, sintiendote una mierda.
Así es como me vuelvo a sentir ahora. Y aún no puedo evitar caer en este bucle autodestructivo una y otra vez. Una, y otra vez.
Pero yo no soy igual que hace dos años. Ahora tengo seguridad en mi mismo. Ahora puedo probar que ya no busco lo que siempre he pensado que buscaba.
Ya me atrevo a decirle a esa chica que no se vaya a casa, que se quede conmigo, para poco después inventarme algo por lo que irme yo, porque eso no es lo que quiero.
Ya soy capaz de pedirle el teléfono a esa otra, para acto seguido borrarlo "accidentalmente", porque yo no quiero eso.
Ya puedo hacer un montón de cosas que siempre quise hacer, para darme cuenta de que ya no las quiero.
Y sin embargo, llegará el próximo sábado, y haré lo mismo. ¿Por qué? Porque no sé lo que busco, porque no se lo que quiero, porque no encuentro un jodido camino, y emborracharme en un sucio tugurio tirando cañas para no recogerlas nunca es una forma como otra cualquiera de esperar a descubrirlo. O quizá si sé lo que quiero pero no lo puedo tener... Y el próximo domingo, repetiré.
Maldita resaca. Maldito sol de domingo. Tengo que hacer algo con esa puta persiana...
In his arms, locked in that iron grip nothing will reveal
Follow these footsteps and we will reach the bottom
I tumbled down the road that bears his name
Here he dwells, here he prospers and pushes us towards the end
When we are drifting against the tide
Colliding with the very air we breathe
Somewhere the tracks inwards must lead out
A grasp of hope that defeats the will
Aquí estoy para vomitar todo lo que no puedo vomitar en el día a día. Por eso de la puta corrección política, social y emocional.
Estoy un poco loco. Un poco sólo JE.
Si me queréis, irse.